CELEBRARE LA NAZIONE Grandi anniversari e politiche della memoria nel mondo contemporaneo

Convegno internazionale di studi nei
 150 anni dell’Italia unita VITERBO, 10-12 MARZO 2011

Archivio per 6 Ismael Saz

Abstract Ismael Saz

El Estado español en el año de la victoria (1939). El régimen de Franco entre el 18 de julio  (Alzamiento Nacional) y el 12 de octubre (Hispanidad).

di Ismael Saz (Universitat de València)

La política de conmemoraciones y el calendario festivo dicen mucho acerca de lo que era el régimen franquista, de las culturas políticas y proyectos que coincidían –y se enfrentaban- en su seno. Todo ello a través de un juego entrelazado de fechas, de lenguajes, de espejos. Cada una de las fechas centrales, y en particular las dos que aquí se consideran, remite a otras en una compleja serie de significados. Así el 18 de julio, día del “Alzamiento Nacional”, se relaciona con otro “alzamiento”, el del 2 de mayo de 1808. Todos coincidirán en esto, incluso para subrayar la superioridad del nuevo alzamiento, siquiera sea porque éste concluía con la destrucción absoluta del enemigo interno. Más allá de esto, los monárquicos y nacional-católicos incidirán más en  las vertientes católicas y dinásticas de 1808, mientras los falangistas lo harán en su vertiente popular y voluntad de poder. Demasiado inscrito a su vez en la memoria liberal y democrática, el 2 de mayo quedará relegado a una fiesta de segunda fila. El 18 de julio  sería, en cambio, la gran fiesta conmemorativa y autocelebrativa del régimen. La fiesta de “todos” los franquistas. Pero, de nuevo, los falangistas quisieron imponer su impronta fascista con la añadida denominación oficial, que consiguieron, de Fiesta de Exaltación del Trabajo. Era un intento de apropiación, parcialmente logrado, que habría que relacionar con la existencia de otra fiesta, está de inequívoco signo religioso: el 19 de marzo, fiesta de San José Artesano. El otro referente respecto del 18 de julio –el principio de todo-, sería el 1 de abril, el “Día de la Victoria”, la conclusión de una guerra que, para los falangistas, no podía ser sino el principio de su revolución y que, para los nacional-católicos, era simplemente eso, el día de la victoria definitiva sobre la “Anti-España”. El juego de fechas conmemorativas, de matices, y de lenguajes, permite captar por este lado la coexistencia de dos proyectos.

La otra gran fiesta que aquí estudiaremos la del 12 de octubre mostraría con más claridad aún el juego de lenguajes. ¿Qué fiesta era esa tan importante? ¿De la Hispanidad? ¿De la Raza? ¿Del Imperio? ¿De la Virgen del Pilar? Estaba claro lo que se conmemoraba –la gloria de la España del “Descubrimiento”. Pero éste ¿había sido una hazaña católica y monárquica, como querían los nacional-católicos o fundamentalmente imperial, como querían los falangistas? Si era lo primero, se podría hablar para el presente de “imperio espiritual”, si era lo segundo, se hablaba de imperio de verdad, hecho de poder, expansión y jerarquía. La noción de “Hispanidad” había sido el núcleo del nacionalismo de Acción Española, base a su vez del nacionalismo reaccionario que terminaría imponiéndose en el franquismo. Suficiente para que los falangistas no se mostraran especialmente identificados con la noción. De hecho prefirieron postular en 1939 y 1940 nociones como “Día de España”, “Día de la Españolidad” o incluso “Día del Imperio”. El juego de lenguajes se tradujo aquí en un juego de ambigüedades e indeterminaciones. Nadie apostaba por la vieja denominación de “Día de la raza”, pero las alusiones se multiplicaban de modo indistinto incluso en el mismo personaje –Franco, por ejemplo- que podía aludir tanto al “Día de la Raza” como al “Día de la Hispanidad”, o de la “Virgen del Pilar”, claro.  Y la indeterminación quedó en eso: oficialmente pervivió la vieja denominación: Día de la Raza.

A modo de epílogo: en 1956, siguiendo a la Santa Sede, la festividad del trabajo pasó al 1 de mayo –Día de San José Artesano. Se dijo que esto no desvirtuaba al 18 de julio de la Exaltación del Trabajo, pero fue esto justamente lo que se llevó el viento; no la festividad del 18 de julio,  núcleo autoconmemorativo  del franquismo hasta el final, pero sí sus resonancias fascistas. Apenas dos años después, en 1958,  el 12 de octubre se convirtió al fin, oficialmente, en el “Día de La Hispanidad”. Por entonces los herederos de Acción Española estaban imponiendo –o eso pensaban- su proyecto.

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